En Italia es un boom el "parque de la gula"

04 Abr 2018

Se encuentra en Bolonia y está dedicado al mundo de la comida mediterránea. Ocupa dos hectáreas y tiene un pabellón entero sólo para la mortadela.

La gula, con perdón de Dante, aquí está permitida. No sólo eso: permitida y venerada. Y aunque es inevitable recordar la lluvia de granizo perpetuo que golpea a los glotones del tercer círculo del Infierno de La Divina Comedia, basta poner un pie en este paraíso para el paladar, el parque gastronómico más grande del mundo, para aceptar sumisamente cualquier castigo del imaginario dantesco.

Se llama Fico, Fabbrica Italiana Contadina (Fábrica Italiana Campesina), queda en las afueras de Bolonia y se trata de cien mil metros cuadrados consagrados al hedonismo del buen gusto italiano que los más apasionados llaman “la Disneyland de la comida” o “el mayor centro del mundo para celebrar la belleza de la alimentación agraria italiana”.

Construido en el antiguo mercado de frutas y verduras de Bolonia, en Fico se aprende cómo nace el alimento italiano. Algo así como “del campo al bocado mismo”: el parque cuenta con dos hectáreas de cultivo, establos y zonas al aire libre para 200 animales de razas autóctonas. Hay vacas, gallinas ponedoras, cinco razas diferentes de cerdos, ovejas lecheras, corderos –Marcellino, el corderito que nació a principios de enero es la última atracción por estos días–, cabras, burros y dos yeguas, Luana e Isotta.

Fico reúne a unas 40 fábricas que se dedican a la producción de carnes, quesos, prosciutto, pasta, aceite, vino, cerveza, arroz, helados, dulces, chocolate. Hay hasta un espacio para tostar café. Una fábrica de queso Grana Padano y un pabellón entero dedicado a la mortadela.


“Es un tributo a la suerte de haber nacido en el 0,2 por ciento de la superficie terrestre que cuenta con un microclima único, gracias a la latitud y a la protección de un mar bueno como el Mediterráneo y de las cimas alpinas y apeninas, que producen una biodiversidad récord”, dice Oscar Farnietti, uno de los padres de Fico y creador de Eataly, el imperio gastronómico que nació en 2007 como un espacio para degustar, comprar y aprender sobre lo más exquisito del gusto italiano a través de sus productos regionales.

“Con Eataly hemos llevado la mesa italiana a los extranjeros; con Fico queremos que los extranjeros vengan, que experimenten, toquen y saboreen en carne propia nuestra tierra y sus frutos –agrega Farinetti–. Es un proyecto que combina sentido del deber y del placer, ética, cultura y diversión.” No falta aquí el arte de la pizza de los maestros pizzeros napolitanos, declarado en 2017 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, que ya había premiado en 2010 a la dieta mediterránea. Los 52 mejores vinos nacionales están presentes en este santuario bon vivant que alterna producción y transformación de la materia prima agrícola, didáctica, degustación y consumo.

Aloja, además, 47 restaurantes o puestos de comida, 9 mercados, un teatro, un centro para congresos. Hay seis islas didácticas, que en el parque se llaman carruseles. Hasta es posible plantar una semilla y monitorear su crecimiento a través de una aplicación que manda fotos del día a día de la germinación.


En los pabellones didácticos interactivos se aprende, por ejemplo, por qué las botellas de vidrio de vino, de cerveza o de aceite tienen la forma que tienen, en qué regiones de Italia se producen por año los 49 millones de hectolitros de vino y los 300 mil hectolitros de cerveza o dónde se encuentra el olivo más añejo de Italia, que tiene tres mil años.

“Hemos valorizado un bien común, la comida”, dice Andrea Segrè, presidente de la Fundación Fico, del Centro Agroalimentario de Bolonia y profesor de política agraria internacional y comparada de la Universidad de Bolonia.

“Es un parque temático científico, en el sentido que comprende además un alma didáctica ligada a la Universidad de Bolonia. Hemos reunido cuatro academias –Bolonia, Trento, Nápoles y Pollenzo– para ofrecer una cadena agroalimentaria formativa de lo elemental para realizar un doctorado. También en este aspecto es un lugar único, que combina la parte de entretenimiento y atracción con la científica”, dice Segrè.

“Es importante para los estudiantes que vean, en un solo lugar, el proceso completo de la cadena alimentaria. Desde la cría de animales y el cultivo hasta el plato que se sirve en la mesa”, dice una profesora de geografía de una escuela secundaria de Ferrara, que trajo a sus alumnos de 16 años. Los chicos, no demasiado entusiasmados con el plan, buscan el modo de manotear alguna de los cientos de manzanas que decoran el ingreso principal al parque con la leyenda: “En Europa hay 1.200 calidades distintas de manzanas y mil son de Italia”.


Hasta ahora, el 60 por ciento de los visitantes vino de otras ciudades italianas o del exterior. El 56 por ciento de los extranjeros viajó a Bolonia expresamente para visitar el parque temático.

Los críticos ven en el parque temático un free shop sin aeropuerto que, en vez de rescatar el valor artesanal de los pequeños productores que conservan la tradición de los ancestros, apuesta al mercado global.

En un libro que se llama La danza delle mozzarelle (La danza de las mozarelas), el escritor Wolf Bukowski, que es columnista gastronómico en varias publicaciones, pone la mira en el modelo de narración sobre la comida que utilizan movimientos como Slow Food o emprendimientos como el propio Eataly de Farinetti: “Fico no es sólo un parque de diversiones para cooperativas y constructores rudos, sino que es una Disneyland, un mundo donde la fantasía y la realidad del capital se reflejan entre sí”, dice Bukowski, que ataca la ideología de Farinelli basada en el marketing.

No es casual que este cruce de abundancias –de saber y de sabores– se celebre en Bolonia, una ciudad clave tanto durante el período de dominación etrusca como cuando la conquistaron los galos y luego los romanos. Aquí nació la universidad más antigua del mundo occidental –la Universidad de Bolonia Alma Mater Studiorum se fundó en 1088– y su tan calórica como exquisita tradición culinaria en tortellini, mortadela y parmiggiano, hacen gala de los dos sobrenombres con los que se la conoce: Bologna, la dotta (la docta) y Bologna, la grassa (la gorda).

“Bolonia es una ciudad europea de una región europea, pero me hace feliz que hayamos abierto Fico dos años antes que la Cité de la gastronomie (Ciudad de la gastronomía) de Lion –un proyecto que prevé un espacio para debatir y degustar la gastronomía y el bienestar vinculado a la alimentación–, y que sea más grande, dice Farinetti. No sé si lograré seis millones de visitantes por año pero lo intento. Disneyland es un modelo y funciona, a pesar de que los estadounidenses tengan sólo al Pato Donald, es decir, mucho menos de lo que tenemos nosotros.” La cifra de visitantes a la que aspiran en Fico es equivalente a la que reciben los Museos Vaticanos.

“Cuando escuchen hablar de la cocina boloñesa, hagan una reverencia. Se la merece”, destacó Pellegino Artusi en su notable tratado gastronómico a finales del 800, la biblia de la cocina en Emilia-Romagna, la región italiana de la que Bolonia es la capital.

Hace semanas, The New York Times incluyó a Fico entre los destinos imperdibles del mundo para 2018. Dato a tener en cuenta, por más inapetente que uno esté.

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Fuente: Clarín

Fotos: Selva Adentro