La escuela salteña que cosecha su propia comida a 3000 metros de altura

09 Mar 2018

A unos 3300 metros de altura, en la Quebrada del Toro, provincia de Salta, la única edificación que se ve a simple vista por varios kilómetros es la Escuela Albergue El Rosal que, entre tanto marrón árido de los cerros, se destaca por el fuerte color verde que emanan la verduras y hortalizas de su huerta e invernadero. Plantas de lechuga, albaca y espinaca, entre otras, se asoman de una tierra dura y seca. ¿Cómo es posible?

"Fue todo un desafío hacer crecer algo en este lugar. Pero gracias a los maestros y los chicos, hoy cosechamos los logros", afirma Aldo Palacios, director de la escuela albergue. Allí, de lunes a viernes, él vive junto a su mujer Patricia (también docente), el resto del personal de la institución y varios de los 30 alumnos de nivel primario que asisten a alguna de las 3 aulas plurigrado. Ellos desayunan, almuerzan y cenan en la escuela.

La idea de la huerta nace hace 10 años, cuando Palacios trataba de mejorar la alimentación de sus alumnos agregando verduras a su dieta, mientras intentaba superar el problema del aislamiento. "Al estar tan alejados, se nos dificulta conseguir productos frescos. Además, toda la electricidad que usamos es solar o eólica, ya que la red no llega a esta altura y no podemos gastar tanta energía en heladeras que funcionen todo el día", comenta Palacios.

Foto: La Nación

Profesores de la Universidad de Salta le propusieron construir un invernadero que protegiera la siembra de la abrupta amplitud térmica, ya que de día pueden hacer 20 grados, pero a la noche la temperatura disminuye a menos cero. Luego de algunos intentos, en el 2012 instalaron el invernadero y la pequeña huerta que usan hasta hoy en día.

Acelgas, brócolis, berenjenas, morrones y achicorias, son algunas de las verduras que los alumnos aprenden a sembrar y cosechar para su propio consumo durante el turno de la tarde, asesorados por el grupo Escuela Pedagógicas Sustentables. También cultivan especias como orégano y tomillo, que secan en un deshidratador solar y luego venden, junto a algunas artesanías, en la feria regional que organiza todos los meses la Fundación Alfarcito, a unos 25 kilómetros de allí.

"Al principio los chicos no querían saber nada con las verduras, no les gustaban porque no estaban acostumbrados. Ahora se sienten orgullosos cada vez que comen algo cosechados por ellos mismos", recuerda entre risas el docente de 55 años.

El principal objetivo de la Escuela El Rosal, es continuar con esta modalidad autosustentable y seguir preparando a sus alumnos para que terminen el primario y después puedan asistir a la escuela secundaria de la Fundación Alfarcito. "Los chicos aprenden haciendo, incorporan oficios que les sirven para ayudar a sus familias. Unos de mis ex alumnos que está en el secundario me dijo que cuando termine quiere ser Ingeniero Agropecuario. Es un honor para nosotros", concluye Aldo.

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Fuente: La Nación